El otro día en la universidad leí una de las publicaciones gratuitas que últimamente están copando tanto las entradas de las facultades como las calles y metros de nuestras ciudades, en este caso una específicamente de la universidad, Gaceta Universitaria. Una de las noticias trataba sobre la lectura de la tesis doctoral de una doctoranda de 84 años y que versaba sobre la obra de David Lodge. En es momento recordé una de su obra mas interesante, y no por ello menos divertida, “La caída del museo Británico”. En ella se narra las aventuras y desventuras de un católico practicante ingles, sus métodos anticonceptivos y el retraso en la llegada del periodo de su mujer que provocará su cuarto hijo. Si no fuera poco en esta ensalada, británico + católico, se le añade el hecho del estado laboral del individuo en cuestión, Adam, se encuentra realizando su doctorado (sic) sobre la novela victoriana. Pues sí, es una novela desternillante, el uso de la inteligencia para destripar los usos y costumbres de una sociedad a veces producen estos efectos. Un efecto que ya hemos sufrido con otros autores, como por ejemplo con Oscar Wilde – nunca se habrá leído lo suficiente a Bunbury y Algernon-, y este es el de la risa y sonrisa cómplice que produce un estado de bienestar general. Por ello, estimados lectores de esta bitácora que por motivos académicos tengo tan olvidada, os animo a leer a Lodge, os hará por unos instantes sentiros mejor.


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home